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sábado 13 de marzo de 2010

Capítulo VIII – Capítulo Final, milagro en la calle Central Park West

Esta es la despedida. Fueron dos semanas muy intensas. Llenas de aprendizaje, alegrías, miedos e incertidumbres. No se como tomarlo pero la ciudad me despide con un clima horroroso: Temperaturas que se acercan demasiado al cero, una intensa lluvia helada y una tormenta de viento feroz que no solo me tornó imposible la caminata, sino que además, literalmente, destrozó mi paraguas.

Cuando emprendí esta aventura y decidí hacerlo solo, sabía que iba a haber alegrías y tristezas (tal vez subestime un poco estas últimas) pero ahora que esta terminando puedo decir orgulloso que disfruté al máximo de los momentos lindos y aprendí como nunca de los tragos más amargos. Tal vez lo más complicado es no poder charlar con alguien, no poder tener una conversación que vaya más allá de averiguar dónde queda una calle o cuanto sale la ensalada.

Las decisiones fueron otro punto crucial. La vida no es más que un permanente decidir. Es algo que a mi me cuesta muchísimo y pienso todo con detallada mesura hasta el último momento antes de tomar una determinación. Aquí también sucedió así, pero el hecho de estar yo solo, hizo que este proceso se tornara aún más importante y enriquecedor.

También me llevo maravillas como el Central Park, el Times Square, el partido de básquet en el Madison Square Garden tan emocionante como aquel entre amigos en el parque, la hermosa sensación de haber “entendido” una ciudad, haberla conocido, dominado, paladeado y saboreado hasta el punto de no necesitar un mapa o un librito para transitarla en la última etapa.

Me sirvió mucho para pensar. Para darme cuenta qué cosas quiero enserio y cuáles son más superficiales, qué me hace bien y qué no tanto. Descubrí, o confirmé la importancia de la familia y de la gente que te quiere. Lo reconfortante que puede ser un beso, un abrazo o un simple “como estas” de una persona que te lo pregunta con verdadera sinceridad.

El nerviosismo de la vuelta comienza a entrar en mi cuerpo. Como siempre tengo todo listo con bastante anticipación. Qué se le va a hacer, lo hago para evitarme momentos de preocupación, pero no lo logro. Esta todo perfectamente ordenado, pero esas cosas escurridizas y que se precisan hasta último momento las cuales no se pueden guardar hasta el final, me rodean como haciéndome burla.

Para colmo la lluvia me tomó por sorpresa y mojó la mochila donde tenía el pasaporte entre otras cosas igual de importantes. En estos momentos el secador de pelo y la plancha con que, gracias a dios, esta provista la habitación, me están acompañando en la lucha contra la molesta humedad.

Sin embargo el cielo negrísimo que me recibió cuando crucé la puerta del hotel y el viento que golpeaba como esquirlas en la cara, escondían algo más para mí.

Iba caminando en dirección al Downtown. No había nadie. De repente a lo lejos veo venir a un seño bajito, errante, como si sintiese algún tipo de vergüenza. El también traía un paraguas desfigurado por la inclemencia climática. Tenía un pantalón de color beige, unos zapatos marrones absolutamente empapados y una camisa blanca. Cuando estuvimos a la misma altura levantó un poco su cabeza, que estaba mirando hacia el suelo desde hacía dos cuadras. En ese momento no tuve ninguna duda, era Woody Allen.

Ahora, más tranquilo y reflexivo, pienso que seguramente fue un truco de mi imaginación y no el broche de oro de un viaje fantástico. El símil huracán que nos rodeaba y la bola de acero que pareció caer desde mi nunca hasta los tobillos al verlo, no me permitieron emitir ni siquiera un sonido que pudiera confirmar mis sospechas.

Lo cierto es que hasta el último momento y aún en las peores condiciones, Nueva York me sigue ilusionado, intrigando, sorprendiendo y desconcertando. Quiero irme con la cabeza llena de sueños. Por eso para mí lo de hoy fue el milagro de la calle Central Park West.

1 comentarios:

Juan Cruz Sanz dijo...

Dieguito. Gran viaje maestro. Te aseguro que cuando camines por la plaza San Martín de Río Gallegos vas a sentir mejores cosas. No te lo vas a cruzar a Woody, pero si a Rudy. Desde ya, estás invitado.

Muy buenas cronicas. Armate un album en flickr y colgalo en el blog. Quiero ver fotos. Después te explico como lo hacemos

Abrazo...

JC